2 de enero de 2008

Súper poderes


Con mucho orgullo puedo decir que con el paso del tiempo he desarrollado la increíble habilidad de leer de mentira. Esta fabulosa técnica, ampliamente superior a la de lectura veloz, me permite revisar la no despreciable suma de 500 correos electrónicos en unos pocos minutos.

Por otra parte, este incomparable don, no sólo me permite leer apenas una palabra de un mensaje para saber que nada sucederá si presiono la tecla suprimir, sino que también me otorga muchas oportunidades para presumir, principalmente cuando mis colegas me preguntan "¿vamos por un café?" y yo tranquilamente les respondo "dame un minuto, que antes debo leer 7.263 correos".

A pesar de lo impactante que puede parecer mi talento, reconozco que no es el único de este mundo, ya que otros sujetos también han sido privilegiados con diversos súper poderes excepcionales, como por ejemplo trabajar de mentira, ser virgen de mentira o irse directo a la casa de mentira. No obstante, existe una facultad que va más allá, también conocida como pensar de mentira.

Prácticamente todas las personas han calificado a otras como estúpidas, pero podría ser una grave equivocación, ya que aquel individuo que parece haber sido creado para recibir insultos sólo está exhibiendo su extraordinaria aptitud. Por ejemplo, si alguien le dice "tu esposa te está engañando" y exclama "¡te equivocas!, pobrecita de ella, es muy esforzada y trabaja toda la noche con su colega del cabello mojado", lo que realmente sucede es que está descartando toda la información que no contribuye con su tranquilidad.

Así entonces, mientras algunos están todo el tiempo preocupados o de mal humor, ellos se ven felices, con su sonrisa inmutable y su mirada perdida. Nunca usan su cerebro para analizar cosas negativas y siempre están cómodos, aunque sus colegas los repudien, sus esposas los engañen y viajen en transporte público.

En definitiva, piense en aquel individuo al que siempre consideró un error de la naturaleza, recuerde sus peores momentos y analice su reacción. Cuando lo insultaban, ¿sonreía?. A pesar de las críticas, ¿se mostraba indiferente?. Después de ser increpado por su jefe, ¿volvió a sus tareas con la misma ineptitud?. Si alguna de las respuestas fue positiva, tome una piedra y golpee su pecho, ya que podría conocer a un humano con una habilidad que sólo algunos desarrollarán al punto de convertirse en Súper Güeón'.

Dedicado a mi ex-amigo Mike.

15 de diciembre de 2007

Espíritu navideño


Recuerdo a la perfección el olor a ramas de pino, pan de pascua y pólvora con que despertaba en estas fechas, hace unos veinte años, cuando todavía se podían comprar fuegos artificiales en los almacenes de barrio para utilizarlos irresponsablemente en la generación de ruidos molestos.

En aquel entonces tenía un vecino al que todos llamaban El Mellizo y que se destacaba por realizar experimentos usando, como componente principal, cualquier elemento que tuviera la capacidad de estallar. Entre sus iniciativas figuró el acondicionamiento de un helicóptero plástico de 30 centímetros, el cual se desplazaría rápidamente por el cielo (tal como Lobo del Aire) gracias a la propulsión generada por tres cajas de voladores (150 cohetes explosivos).

A pesar que el diseño anterior, supuestamente, fue realizado considerando todos los posibles problemas que pudieran aparecer, terminó en un rotundo fracaso, ya que el juguete tenía demasiado peso y resultó imposible encender todas las mechas simultáneamente. Así fue como esta inocente omisión propició que los fuegos artificiales se encendieran en forma desordenada, lanzando violentamente al artefacto en todas las direcciones posibles, a la vez que los cohetes que se iban soltando, a causa de los incontables golpes, salían disparados a gran velocidad. Como si fuera poco, la aeronave se hizo pedazos cuando los últimos voladores (el mayor porcentaje) detonaron al mismo tiempo.

Para una persona con sentido común lo recién descrito se habría convertido en una prueba de lo peligroso que puede llegar a ser la manipulación de artilugios explosivos, pero para quienes estuvimos ahí, fue un ejemplo del castigo que podíamos propinar a aquellos juguetes merecedores de nuestro desprecio.

Transcurrió algo más de una semana y El Mellizo nuevamente se encontraba preparado para uno de sus actos sin sentido, ya que gracias a dos cajas de chispitas provocaría el estruendo más terrible que hubiera imaginado.

Era año nuevo y después de dar los abrazos de rutina, el sujeto salió a la calle para acomodar la pólvora entre dos piedras de gran tamaño sobre el pavimento y según lo prometido, a las 01:00 horas, les lanzó con todas sus fuerzas otra de al menos 20 kilos.

La explosión que se generó estuvo acompañada del ruido más fuerte que he escuchado en toda mi vida y, aunque la sensación provocada por la onda expansiva fue inesperada para mi, lo que más me impactó fue ver como las piedras se destrozaron y sus restos volaron por todas partes (hubo gente que salió a mirar al cielo pensando que llovía).

El Mellizo continuó escuchando la explosión durante una semana.

No sé si decir que por mucho tiempo pude disfrutar de situaciones parecidas o si tuve mucha suerte por no sufrir un accidente, sin embargo tengo la certeza de que la Navidad nunca fue igual desde que El Mellizo se cambió de población.

Hoy sólo sé que Pablo tiene una esposa y que trabaja en alguna parte arreglando teléfonos (supongo que le deben quedar malos), pero si alguna vez lo vuelvo a ver le daré las gracias, pues hay algo que sólo él me pudo mostrar: El verdadero Espíritu navideño.

Dedicado a Jorge Núñez.